Català-Roca llegó a Madrid sin pertenecer a ella, y eso le dio algo que los fotógrafos de aquí a menudo pierden: la capacidad de sorprenderse con lo cotidiano. Sus fotografías de los años 50 y 60 capturan un Madrid que no posa, que no sabe que lo están mirando.
Disparaba desde la cintura, sin el visor pegado al ojo. El gesto era casi casual, y por eso sus sujetos seguían siendo ellos mismos. Nadie mira a cámara porque nadie sabe que hay cámara. Y la luz de Madrid, la horizontal de primera hora, las sombras largas sobre el asfalto, la usaba tal como era.
Mr. Lee-Williams tampoco nació en Madrid. Lleva muchos años entre la isla y la capital, y mira la ciudad con esa mezcla de distancia y afecto que solo da el tiempo. Es la misma posición desde la que hemos hecho esta colección.
No buscamos recrear su época. Sí sus principios: la espontaneidad, la ciudad presente, la luz real.